VII festival internacional de títeres en san MArtín de los Andes

Posted on 04/29/2014

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Los títeres hablan, las marionetas menos.
Los titiriteros hablan mucho. Algunas veces durante la función y siempre después, cuando conversan de los caminos, del mundo, de los amigos, de los lugares azules o picantes o amarillos bañados de siesta.
El público de títeres durante las funciones no habla ninguna cosa… se ríe, se asombra, es de abrir mucho los ojos, de moverse para poder acomodar el cuerpo a las emociones.
Los títeres le dicen al público y al titiritero una historia que se hace la distinta pero al final suele ser bastante parecida porque avisa lo mismo. Avisa que el desamparo no existe, que los buenos siempre triunfan, que la infancia es un lugar para quedarse a vivir o necesariamente, un lugar donde volver de vez en cuando y que si esto pasa, la vida es más bonita.
VII Festival Internacional de Títeres en San Martín de los Andes, te lo digo así, en números romanos. Porque estamos en edad de merecer, porque estamos a tiempo, porque está bueno que todos tengamos techo, comida, afecto, salud, escuela, amigos, historias, títeres.
Este año lo hacemos con vos y con elencos que ya vienen al tranco desde Chile, Cuba, Colombia y de distintas regiones de Argentina. Ellos nos brindarán 48 funciones. Gratis, o bueno, en realidad ya está pago por todos nosotros, porque la cultura es un derecho como la escuela o la salud, ni más ni menos.
Me caigo por la casa de Dani a la hora justa en que Títerre Pedorro se ponía pesado porque quería descorchar otro pan de manteca y entonces preguntamos:
– Diga Aguirre, si se puede, ¿cómo nace este festival?
– Vea… yo viajo mucho con mis títeres, en todas partes nos reciben con cariño, empanadas, panqueques, anticuchos, aceitunas, con charlas impertérritas y con abrazos rompecostillas. Miro espectáculos tan hermosos que me desinflo de suspiros deseando que todos los vean.
Así la cosa público querido público, hemos dilucidado que este festival nace por un deseo atorador de dar las gracias, y de que todos los niños y los grandes tengan espectáculos de títeres.
Y saben qué, hoy mientras Dani descorchaba una torta al rescoldo se quedó pensando sobre esto de los siete años, Igual que los siete grados que tiene la escuela primaria y ahí nomás corrió un aire de colores desde la puerta a la ventana al darnos cuenta que para un niño o niña de nuestra comunidad está clarito que en otoño hay títeres, como hojas por el suelo.
Que en otoño hay títeres. Siempre. porque decir siete años para un pibe de 12 es decir siempre.
Aprovechando la visita y antes de que se ponga a discutir con Pedorro le pregunto al titiritero otra cosa interesante:
– Diga Aguirre ¿cómo es el mundo por allá, usted que fue?
– Ah… si usted lo viera, está lleno de lugares para quedarse a vivir.
Agradezco, pido prestado por un rato un salame de cuando la compañía “La pelela” anduvo por Colonia Caroya, y calle abajo me encuentro dobladito el afiche del año pasado; tiene las palabras de ese gran titiritero del mundo que es Eduardo Di Mauro:
“Para el artista la cultura es un servicio.
Para el gobierno, la cultura es una obligación.
Para el pueblo, la cultura es un derecho.”
Qué así sea

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