Sambagunza: samba y corazón para mover los pies

Posted on 11/14/2013

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SANYO DIGITAL CAMERADespués de varias promesas de hacer una nota a los “Sambagunza” se dio ayer por la mañana. Para ello no acercamos al estudio – sala de ensayos, en la calle Virgen de las Nieves donde el polifacético “Cachú” Carrizo trabaja, y allí charlamos un rato largo.

De lo primero que nos enteramos es del origen etimológico de “Sambagunza”. Nos dice “Cachú”, casi con un tono científico: “es un juego de palabras, “Samba, que es la samba brasilera, y “Bagunza” que vendría a ser para nosotros algo así como quilombo”, y repite “bagunza – bagunza” dándole una tonada carioca y moviendo las manos y el cuerpo.

Después me cuenta el origen de este proyecto.

Samabgunza nace como taller por el 2006, principios del 2007, arrancamos con Milo Levang y entonces era un taller de ritmos de todas partes. Los que empezamos aquel taller somos como la base de este “Sambagunza” que hoy ya tiene 25 integrantes.

“Cachú” habla desde el corazón, le sobra calle, aunque parezca un lugar común lo que voy a escribir, el quía hace camino al andar, le explota la mirada cuando habla de sus proyectos, se nota que le pone el cuerpo, coincidimos en eso de que sin el alma ningún proyecto camina, por más talento que uno tenga.

“Hoy hacemos samba y samba regae, es un ritmo que te hace mover los pies al toque. Una cosa importante para decir es que estos son ritmos del calor donde se ensaya al aire libre, con gente alrededor, por lo tanto acá se complica bastante. Por eso durante los meses de frío y de lluvia ensayamos en el Jardín 43, que es un lugar relacionado con el arte, y en verano ensayamos en la glorieta de la plaza Sarmiento. “          

Tambores, tamboriles, caixas, descansan en una pieza contigua a la sala donde hacemos la nota. Nos vamos por las ramas con Cachú un buen rato, hablamos de política, de deportes, de rock, pero volvemos y me cuenta que es lo mismo tocar con siete u ocho integrantes que con 25 y 30, la diferencia es la potencia que va a tener, pero mientras haya uno por instrumento “Sambagunza” suena.

El grupo funciona por señas preestablecidas que les permite improvisar y manejar el calor del espacio escénico donde están tocando.

Después sacamos unas fotos, “Cachú” va al lugar donde mejor lo conocemos, detrás de su batería, manda algunos sonidos mientras saco fotos, antes de irme le digo que se parece al negro Basualto (baterista de Vox Dei fallecido hace poco tiempo), esa sola mención nos lleva a una anécdota de Cachú con Basualto y nos lleva otros diez minutos de charla sobre el rock argentino.

Nos despedimos como más amigos que antes de la nota, para mí eso de que “por encima de todo va el corazón”, es una señal de que en “Cachú” hay un artista visceral que aún no descubrió San Martín de los Andes.

Sambagunza es eso, casi un atajo para mover a los incrédulos, es un ritmo que mueve el amperímetro al primer sonido, “Samagunza” es un hermoso quilombo que se pasea por San Martín de los Andes desoyendo al frío y la lluvia para alcanzarnos el calor caribeño.

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