Con Guillermo Carnaghi a los gritos contra la gente del Plan Provincial de Seguridad.

Posted on 08/03/2013

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La reunión en el Salón Municipal no terminó mal. Al menos esa fue una sensación. En un momento un grupo de vecinos empezó a retirarse muy enojados, insultando a Juan Carlos Fernández, mientras que el grupo que se quedaba decía que no hubo ninguna respuesta sería a sus pedidos. Se había puesto áspero, pero el accionar de los referentes de Cordones de Chapelco, si bien fue firme, jamás cruzó el límite de la falta de respeto ni echaron más leña al fuego.

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La reunión no terminó mal, sin duda, más allá de los desacuerdos.

Pero finalizada la misma, mientras se iban formando grupitos en el Salón Municipal, mientras los periodistas buscaban notas por todos lados intentando que nadie se les escapara, se empezaron a escuchar los gritos del Sub Secretario de Gobierno: Guillermo Carnaghi para con la gente del Plan de Seguridad de la Provincia.

Vamos a sintetizar un cuentito: Caperuzita Roja eligió el camino más corto, cuando era necesario, para llegar bien a su destino, ir por el camino más largo. Al final le fue mal y el lobo se la morfó.

En materia de seguridad, el gobierno de San Martín de los Andes eligió el camino más largo, el camino del consenso, el de trabajar todos juntos, el de estudiar el problema y articularlo con otras áreas. Esto queda demostrado que ante la causa de un asesinato, la gente pide la cabeza del Secretario de Desarrollo Humano y no de seguridad. La provincia, como no podía ser de otro modo, pone en práctica el método de palo y a la bolsa, el de más policía, más patrullero, más cámaras de seguridad, (que no estaría mal si viene acompañado de todo lo demás), un plan de seguridad que ha demostrado que pocas veces resulta y que al final el lobo te termina comiendo.

El problema de Cordones de Chapelco tiene un solo responsable, el Gobierno Municipal, por acción u omisión, sin duda, más allá de ser un problema heredado, apenas aparecido los síntomas de la violencia que se denunciaba allí, el gobierno lo interpretó mal (y lo interpreta mal), lo minimizó como un enfrentamiento mediático entre la delegada municipal y un referente del barrio. El gobierno hizo cosas y Cordones de Chapelco fue el barrio más tenido en cuenta, pero no alcanza, una infección no se cura con agua oxigenada, va muy lento, demasiado, muy homeopática la cosa.

Pero en el tema de seguridad, el camino elegido por el gobierno Municipal, más allá de estas desgracias, es el correcto, Mendaña más Mendaña menos, la seguridad sólo se soluciona con métodos progresistas y no fascistas. Y yo brindo esa elección, aunque parezca poco efectiva.

Dada semejante perorata, volvamos a Guillermo Carnaghi, por quién los vecinos de Cordones, pidieron la renuncia (algo que no va a ocurrir).

Guillermo Caranghi les grito a la gente de seguridad provincial que se los había convocado veinte veces a las reuniones, a que vengan a participar, a hablar con el intendente y nunca vinieron –Ni te conozco, quién sos, ni te conozco- gritaba un temperamental Guillermo Carnaghi: “Tiene que venir a hablar con el intendente, es el gobierno local, les guste o no, como yo hablo con el gobernador”

El Secretario de Gobierno nos decía que se los invitó muchas veces a participar, se les pidió que vengan a hablar con el intendente, pero nada. Fuera del micrófono hablamos con otros dos funcionarios que nos dijeron “ellos quieren que fracase nuestro plan de seguridad, así pueden hacer el negocio de la seguridad, nosotros buscamos otro camino”, otra funcionaria dijo: “hay que decir que tanto a seguridad de provincia se les pide que nos informen del mapa del delito, pero te niegan la información, lo mismo hacen en educación y otras áreas sensibles, pero también nos esconden la información de cuántos chicos abandonan, cuántos no empiezan, no quieren que se haga un trabajo serio, por eso lo comprendo a Guillermo cuando se enoja y les dice lo que les dice.”

Cuando suceden estos hechos graves, recomendación para los distraídos, siempre hay un sector que sufre (los vecinos de Cordones), uno que paga los platos rotos (el gobierno local) y uno que se refriega las manos y se muestra afligido, será cosa de mirar bien.

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