La tercera edad. (Otro gran invento del consumismo)

Posted on 06/22/2013

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Nota de Daniel Tórtora salida en La Grieta de abril de 2005 “Los viejos nuestros”

 

Cuando era chico mi padre era un héroe y mi abuelo era un sabio.

Mi padre me cargaba sobre su mano y me hamacaba, me llevaba a la cancha y antes de dormirme me contaba historias que nunca terminaban y en donde él MI abuelo, por su parte, me contaba la historia a través de sus recuerdos: la Segunda Guerra Mundial, las comparsas de carnaval en la avenida Corrientes, el golpe del ’30, el equipo de José.

En las fiestas de Navidad o Año Nuevo, alrededor de mis abuelos se reunía la familia y era en su casa donde nos encontrábamos. Entonces la sociedad era algo así como una gran familia donde todos teníamos el lugar que más o menos nos correspondía, y si bien mis abuelos o mis padres o nosotros teníamos nuestros propios amigos, la relación social era también con la familia, con los vecinos, etc.

Con la muerte de mis abuelos, mis padres pasaron a ocupar ese lugar, nosotros quizás el de mis padres y mis hijos el nuestro. Pero la realidad cambió un poco y empezó a vislumbrarse la división internacional  del consumo por edades, por género y otras mentiras por el estilo. No fue fácil escribir esta nota porque es más una necesidad individual que antes que nada resalta la apreciación personal y no un juicio de valor sobre la vejez, entrelazándola con una realidad colectiva de la utilización de los mayores por un sistema que lo único que le interesa es usufructuar lo que venga. Por ejemplo, personalmente, yo no sé si quiero convertirme en un jubilado en viaje sin cesar hasta la muerte. Conociendo museos, estatuas, anfiteatros, el mar o las sierras, junto a grupos de personas con las que sólo me une el hecho de pertenecer a la “Tercera edad”, la edad del merecido descanso. Estoy convencido que los mayores podrían ser muy útiles a la comunidad, siempre dentro de las limitaciones físicas que el paso del tiempo produce en el cuerpo, y sin por ellos perder el derecho del descanso digno.

Es por eso que insisto en que la idea de la “Tercera edad” es una falacia, es un invento, un producto del consumismo que se implantó en la década del ’80 en casi todo el mundo.  No es más que un número estadístico relacionado con la edad al que se intenta constituir en una nueva clase social creada para un nuevo modo de consumo. Es lo mismo que crear una clase social de mujeres de entre treinta y cuarenta años divorciadas o de hombres jóvenes rubios de un metro ochenta de altura. Es una suprema idiotez pensar que por el mero hecho de ser “viejo” se tiene todo en común.

Y es por eso que digo que lo de la “Tercera edad” es un cuento del mercantilismo y, por eso también, en las grandes ciudades se cran centros de jubilados como si fuesen ghetos de personas de más de 70 años donde solo se relacionan entre ellos y donde lo importante es entretenerles, de ese modo se intenta que los “viejos” hagan solo lo que manda el animador: turismo, baile, teatro, produciendo una seudo adolescencia, como un infantilismo parecido al de los campamentos de jóvenes o colonias de vacaciones de chicos. A mí todo eso me da una imagen de absoluta tristeza, lo imagino como esas reuniones de ex egresados que quieren revivir (no recordar) treinta años después las vivencias de adolescentes.

Las mismas personas mayores que me criticaban cuando les comentaba la idea de escribir sobre este tema en la revista, reconocían que treinta años atrás no existían los centros de jubilados ni nada por el estilo ya que los “viejos” estaban integrados a la comunidad.

Otras tantas se preguntarán si para mí los mayores no deberían disfrutar del merecido descanso después de tantos años de trabajo. Ahí está el segundo invento del consumismo: “El merecido descanso”. El merecido descanso lo tendremos después de dejar de respirar, el merecido descanso es otro concepto moderno que tampoco existe, cada uno pone su merecido descanso donde quiere y lo puede poner en marcha a los veinticinco años o nunca. El ser humano, siempre que no esté impedido, puede aportar algo a la comunidad.

Recuerdo que en mi juventud el lugar de encuentro eran los clubes, las sociedades de fomento, etc., donde tanto nosotros como los “viejos” y nuestros padres participaban en la actividad social interrelacionados en la medida de las características individuales.

El problema para la comunidad es que el consumismo que utiliza cualquier treta para seguir explotando a la sociedad, inventó el concepto de “Tercera edad” y a ella le dio el carácter de rentista: descansar y consumir es la cuestión, como las clases ociosas de siglos pasados.

Pero no quisiera terminar esta apesadumbrada nota sin declamar, en primer término, que he intentado embestir contra un modelo que sistemáticamente todo usufructúa, que no deja resquicio sin explotar, llámese chicos, jóvenes, adultos o viejos, que crea conceptos lingüísticos estéticos edulcorados para su propio beneficio. No quisiera terminar esta nota sin al menos insinuar el inmenso respeto que siento por los “Viejos” merecedores de un lugar de privilegio en la comunidad, como es el de no pertenecer a los olvidados en centros de jubilados o de recreación únicamente, sino en ser parte activa en el desarrollo de esta sociedad que todo lo negocia.

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