Avances científicos sobre la monogamia (Por Ricardo Druck) La Grieta Noviembre de 2005

Posted on 06/21/2013

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Un meticuloso estudio desarrollado por científicos de la prestigiosa Universidad de Kensignton permite demostrar, tras años de trabajo, que en algunas sociedades patagónicas y otras igualmente atrasadas y tribales, la monogamia tiende irremediablemente a desaparecer.

Basado en sesudas entrevistas y encuestas realizadas entre un millar de naturales de una región pródiga en naturaleza, enclavada al pie de los Andes, y luego de las pertinentes pruebas de laboratorio realizadas (sobre todo a los encuestadores) todo pareciera indicar que la fidelidad a una sola pareja en nada obedece a razones de índole genética sino tan solo a dudosas presiones culturales que, ante el intempestivo crecimiento poblacional del lugar y otras cuestiones develadas en el mencionado trabajo, parecerán sucumbir para siempre arrojando a estos desdichados al abismo de la concupiscencia.

Las espectaculares conclusiones a que han arribado los estudiosos del comportamiento humano, además de obligarlos por el resto de sus vidas a consumir tranquilizantes, permiten, no sólo echar a luz sobre un sinnúmero de erróneas interpretaciones de la conducta aparentemente fiel de los habitantes de aquella ignota aldea de montaña ecológicamente equilibrada, sino también derribar muchos mitos profundamente arraigados en la cultura popular.

A pesar de algunos problemas en la traducción final, el informe es concluyente al determinar que una enzima desconocida (favorecida por la natural promiscuidad lugareña) sería la responsable de tales desbarajustes hormonales. “Enzima del marido de uno, enzima de la mujer de otro”, escribió uno de los investigadores al referirse a las costumbres sociales del grupo sometido a estudio.

Las concluyentes estadísticas obtenidas, sumadas a las irrefutables pruebas proporcionadas por un interdisciplinario equipo, que incluyó genetistas, filósofos, etólogos, tarotistas, sommeliers y hasta un chef internacional (que se sumó a último momento como responsable de la dieta de los atribulados científicos que llevaban adelante el proyecto) dieron por tierra un sinnúmero de equívocos perpetuados sin consistencia.

Así, como ejemplo y solo para citar algunos, se pudo comprobar que conductas consideradas “ejemplares” en cuanto a valoración de monogamia eran, cuanto menos, simples fábulas pergeñadas por mentes perversas, retrógradas y oscuramente apegadas a costumbrismos sociales de dudosa laya.

Tal el caso de los hipocampos, esos ridículos animalitos a los cuales se atribuye una admirable muestra de fidelidad que mantiene al macho apegado a la hembra, aú mucho tiempo después de que esta desaparece, evitando por el resto de su vida formar una nueva pareja.

Se pudo comprobar que, si hasta el fin de sus días permanecen de perfil, con trompa y cola retorcida, tal situación obedece a una fenomenal muestra de adaptación e inteligencia por la cual tratan de no caer en el mismo error nuevamente.

Ni hablar, claro, del fabuloso engaño que generó al respecto la arraigada fábula de la supuesta monogamia de los delfines, por lo cual también el macho de dicha especie se mantiene fiel a la hembra acompañándola toda la vida. El renovador y polémico estudio de los cerebros de Kensignton, logrado tras meses enteros de navegar las aguas del Atlántico en frágiles barcas ausentes de comodidad alguna, demuestra que la pretendida conducta de los mamíferos es (cuanto menos) una patraña inconsciente, sobre todo al descubrir que las continuas apariciones de éstos en la superficie se debían a una desesperada llamada de auxilio pidiendo ayuda para escapar al yugo marital y los sonidos atribuidos a un saludo a los navegantes resultaron al final atribulados pedidos de rescate emitidos por estos inteligentes animalitos con el único fin de rescatarlos de equívoco destino.

Más aún, todos coinciden en que aquello que se suponía un terrible accidente, tal el caso de la gran cantidad delfines atrapados en las redes de pesca, resultó ser producto de la trágica decisión tomada por estos para liberarse de una vez y para siempre de las presiones sociales impuestas a su especie.

A la luz de los estudios realizados, también pudo comprenderse la proverbial conducta que adoptan las poblaciones sometidas a climas fríos y adversos, por lo cual se evidencia un desdeñoso apego a costumbres y libretas maritales generando una alarmante tendencia al intercambio de parejas y los crímenes pasionales.

Vaya por caso el notable descubrimiento a que arribaron los etólogos al analizar las conductas de los habitantes de Groerlandia o la estepa siberiana, tan similares en conceptos a los habitantes de la aldea lacustre estudiada, sobre todo por sus problemas para acatar las normas de tránsito y su rechazo al progreso.

Al respecto, se pudo comprobar que ambas etnias se mantienen absolutamente alejadas de cualquier demostración de fidelidad a la pareja, pero se pudo descubrir que tal conducta en nada obedece a parámetros culturales, sociales, filosóficos o religiosos, sino que la misma es producto de la conjunción de un sinnúmero de condicionamientos naturales que se potencian para derivar en confusiones descomunales ya instauradas definitivamente como parte de su vida cotidiana.

Tanto ha sido el paralelismo encontrado por los estudiosos entre las primitivas aldeas siberianas y los habitantes de la definida “puerta de acceso al corredor de los lagos” (una de las tantas apelaciones turísticas con que se conoce dicho paisaje) que como conclusión, éstos sugieren modificar la actual propuesta de “Ciudades hermanas” que mantiene con centros invernales estadounidenses reemplazándolos con Nunavut o Taimir, indudablemente más cercanas a sus particulares idiosincrasias.

Atribulados por la presión psicológica a que fueran sometidos durante la investigación, incrementada ésta por las dificultades que debieron enfrentar para conseguir alquiler permanente, las demoras en estaciones de servicios y las cancelaciones de sus vuelos (sumadas – aunque todos prefieran no mencionar el suceso, a la desagradable pérdida de la esposa del eminente genetista Melvin Meyers, la cual rompiera los lazos matrimoniales cayendo en los brazos de uno de los naturales, quien se ofreciera voluntariamente para ser objeto del ambicioso estudio). Habrá que esperar un tiempo prudencial para contar con mayores conclusiones sobre el tema en cuestión.

Hasta tanto ello suceda, los investigadores recomiendan (algo, lógico atendiendo a la infidencia hecha líneas arriba) manejarse con cautela en el trato familiar con los habitantes vernáculos, no descuidar la atención sobre su pareja y, sobre todo, no permitir que los embauque sentimiento de certeza alguna, algo que manejan de sobra los residentes, en especial luego de una visita del gobernador provincial en vísperas electorales, un viaje del intendente a la capital o una sesión del Concejo Deliberante.

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