Miles de brasileños salieron a la calle con diferentes críticas

Posted on 06/20/2013

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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se comprometió ayer a escuchar a los miles y miles de brasileños que salieron a las calles contra los altos costos del Mundial y la Copa Confederaciones, en una jornada en la que hubo nuevas manifestaciones en San Pablo y otras ciudades. Precisamente el alcalde paulista admitió ayer la posibilidad de suspender, al igual que otras 5 ciudades la suba del precio del transporte público, una de las medidas que generó la ira popular.

Rousseff afirmó que las manifestaciones llevadas a cabo en varias ciudades grandes de Brasil durante las últimos días “comprueban la energía de la democracia”, y señaló que su gobierno está comprometido con la transformación social del país. Para la jefa de Estado, las más de 250.000 personas que salieron a las calles la noche del lunes dieron un mensaje al conjunto de la sociedad y a los gobernantes por una mayor participación ciudadana y una mejora en áreas como educación, salud y transporte público. “Estas voces de las calles deben ser escuchadas. Estas superan, y esto es visible, los mecanismos institucionales, los partidos políticos, las asociaciones y los propios medios de comunicación”, dijo.

La ola de protestas impulsada por las redes sociales se extendió durante los últimos días por todo el país y reunió el lunes miles de personas en las calles. Motivadas inicialmente por la suba del precio del transporte público, las manifestaciones terminaron en una lista de demandas, entre ellas la lucha contra la corrupción y la inversión en salud pública y educación. También se centraron en el gasto público por las obras del Mundial de Fútbol 2014. “Mi gobierno está escuchando esas voces por el cambio. Mi gobierno está empeñado y comprometido con la transformación social”, reiteró Rousseff en un discurso en el palacio presidencial. “Este mensaje directo de las calles es de repudio a la corrupción y al uso indebido del dinero público”, afirmó.

Incidentes. Más de 250.000 personas desfilaron el lunes por una decena de ciudades brasileñas a un año del Mundial de Fútbol, y mientras se celebra en el país su ensayo general, la Copa Confederaciones, hasta el 30 de junio, dos eventos en los cuales el gobierno gastará en total 15.000 millones de dólares. En varias ciudades, los manifestantes intentaron apoderarse de símbolos del gobierno: en Brasilia se subieron pacíficamente al techo del Congreso nacional, en Río intentaron invadir con violencia la Asamblea legislativa estatal y en San Pablo y Curitiba buscaron ingresar a la fuerza en la sede del gobierno estatal. Pero la mayoría de las protestas fueron pacíficas, aunque en algunas ciudades, como en Río, terminaron con violencia, desatada por pequeños grupos, que fueron dispersadas por la policía con gases lacrimógenos, balas de goma y tiros al aire.

El alcalde de San Pablo, Fernando Haddad, admitió ayer la posibilidad de suspender el aumento de la tarifa del transporte público, que generó la ola de protestas masivas por todo el país, pero advirtió que eso demandaría un gasto de más de 3.720 millones de dólares hasta 2016. “Si las personas me ayudaran a tomar una decisión en esa dirección, yo me voy a subordinar a la voluntad de la gente porque soy el alcalde de la ciudad”, dijo el político del Partido de los Trabajadores. Al menos 6 ciudades rebajaron ya el precio del boleto.


“La selección es del pueblo”. “La seleçao es del pueblo”. Con esta enfática frase, el entrenador brasileño Luiz Felipe Scolari descartó tajantemente ayer la posibilidad de que su equipo sea identificado con el poder político rechazado por las multitudinarias protestas. Los jugadores del seleccionado verde amarillo Daniel Alves, David Luiz y Hulk manifestaron también ayer su apoyo a las protestas, que piden menos inversión en grandes acontecimientos y más en educación y contra la corrupción. “Vemos esas manifestaciones y sabemos que tienen toda la razón ahí, que lo que hablan y dicen tiene total sentido”, dijo el atacante del Zenith ruso, Hulk. En su cuenta en la red social Instagram, Alves publicó una foto en la que compartía algunos de los lemas de los manifestantes: “Sin violencia por un Brasil mejor por un Brasil en paz por un Brasil educado por un Brasil saludable por un Brasil honesto por un Brasil feliz”. Los manifestantes son en su mayoría jóvenes con educación superior y apolíticos, y empezaron a salir a la calle pidiendo la revocación del aumento del precio del transporte público en muchas ciudades. Estas son las mayores protestas en Brasil desde las manifestaciones contra la corrupción del gobierno del presidente Fernando Collor de Mello en 1992, que renunció durante su juicio político ante el Senado.

Nuevos incidentes. Nuevas manifestaciones en tanto se produjeron en San Pablo, donde un grupo de manifestantes volvió a atacar con piedras la alcaldía y fueron desalojados por la policía. Para mañana están convocadas otras en varias ciudades del país, incluida Río, una de las seis sedes de la Copa Confederaciones. Las protestas podrían afectar a los partidos de la Copa mañana, cuando se enfrenten en el Maracaná España y Tahiti, y en Salvador Nigeria y Uruguay.

La mayor y más violenta de las marchas del lunes tuvo lugar en el centro de Río, donde algunas decenas de los 100.000 manifestantes intentaron invadir la Asamblea Legislativa estatal, prendieron fuego a un auto y a la puerta del edificio legislativo, saquearon negocios, destrozaron mobiliario urbano e hirieron a 20 policías que se atrincheraron junto a otros compañeros dentro del predio.

El presidente de la asamblea legislativa, Paulo Melo, calculó en un millón de dólares los daños causados en la sede de la institución. Además, hubo tiroteos y al menos dos manifestantes fueron heridos de bala.

Las protestas ciudadanas ocurren en un momento de magro crecimiento económico en Brasil y una inflación en alza. Recientes encuestas señalaron por primera vez una caída en la aprobación del gobierno de la presidenta Rousseff, sobre todo entre los más jóvenes y más ricos, que fue abucheada el sábado en el estadio de Brasilia, al inaugurar el campeonato de fútbol.

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