Pedaleando AL SUR DEL SUR. De Río Gallegos a Ushuaia.

Posted on 02/02/2013

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por Eduardo Rebord

Km totales: 604

Epoca: Enero 2013

Duración: 8 días (1 de descanso)

Recorrido: Río Gallegos, Entre Lomas (Tierra del Fuego Chile), Cerro Sombrero, Onaisin, San Sebastián (Argentina), Río Grande, Tolhuin, Ushuaia.

Clima: frío, viento oeste y suroeste y lluvia.

Ciclistas: Pato Franco y Eduardo Rebord

para adentro

Salimos con el amanecer desde Río Gallegos aprovechando la fresca que nos aseguraba que no tendríamos viento por algunas horas. Es más, tuvimos algo a favor por un rato, lo que nos dio ánimo para lo que se vendría. Así fueron pasando los kilómetros llegando a la Aduana donde perdimos lo que habíamos ganado haciendo trámites y declaraciones. Y convenciendo a un oficial chileno que “no íbamos en la misma bicicleta”.

Luego, el Estrecho de Magallanes aparecía y se ocultaba en el horizonte y los guanacos desafiaban los vehículos. El viento fue en incremento hasta hacerse insoportable. En Kamiri Aike descansamos en la casilla de espera de los omnibus utilizada de baño, pero protegida del viento. En segundos nos quedamos dormidos sentados al costado del camino. Todavía estábamos en ninguna parte.

Llegamos a la balsa que cruza el Estrecho de Magallanes con una lluvia fría y penetrante. Del lado de la isla esperábamos encontrar un camping donde poner la carpa y descansar y terminamos en un cantero de un centro de visitantes. Era la primera jornada, habíamos recorrido los primeros 127 km.

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A las 6 de la mañana del segundo día, estábamos desayunando y acomodando los petates. El cielo auguraba lluvia y como si pudiéramos evitarla salimos lo antes posible a la ruta. Llegamos al pueblo de Cerro Sombrero entre camionetas petroleras y arreos de ovejas. Pagamos 100 $ por dos milanesas de pollo con un tomate cortado y sin pan… y bué, no había mucha opción. Continuamos por la ruta hacia el sur hasta que se terminó el asfalto y el ripio y la tierra se apoderaron de todo. El tránsito era continuo y a toda velocidad. En un valle notamos muchos obreros en grupos, con instrumental y vehiculos y máquinas en frenética actividad. Estaban prospectando para una petrolera. Cuando los perdimos de vista, a las seis de la tarde. decidimos poner la carpa en la entrada de una estancia donde no se veían vestigios humanos y descansamos. Habíamos recorrido 87 km.

Al patagónico amanecer salimos a la ruta y nos encontramos de inmediato con una subida interminable en el ripio cada vez más descuidado. Luego de un par de horas de andar, como pasando un cerro, unos obreros nos indicaron que estábamos en Onaisin. Que en los mapas figura como un pueblo. Allí comenzaban los trabajos de la carretera en construcción, que debíamos transitar por los desvíos. El tránsito normal sumado a los camiones de la obra hacían peligroso nuestro avance. El viento era cada vez más fuerte, así que paramos en un refugio del obrador para descansar, perdidos en medio de la meseta. Un hombre de la empresa al que pedimos agua nos dijo que ese día “no había viento” así que ese consuelo, unos mates y algo de comida nos permitió proseguir la marcha. Horas después llegamos al cruce San Sebastián-Porvenir y nuestra suerte cambió y el viento a favor nos empujó hasta la distante aduana a toda velocidad. Mi temor era que se rompa una masa trasera o una cubierta por el peso que llevábamos y como golpeba contra la ruta y darnos un golpe. Así que poníamos el freno trasero a tope e igual llegamos a más de 50 km por hora. En la aduana de San Sebastián se volaba todo y posar en el cartel de bienvenida a nuestro país se hizo casi imposible. Igor, otro ciclo viajero ruso nos acompañó en el trayecto. Aparecía y desaparecía.  Ya en Argentina,  buscamos el camping del pueblo y no existía. En realidad no había nada. El ruso acampó cercano al mar, nosotros buscamos una hostería. Habíamos pedaleado otros 110 km.

De allí a Río Grande el asfalto pegado al mar era un placer, el paisaje había cambiado totalmente. A lo lejos se veían las viejas e interminables estancias con su arquitectura inglesa repletas de ovejas. Pero no podíamos descuidarnos porque el viento en todo momento nos hacía desafiar la gravedad para no caernos. Del oeste, es decir de lado en todo el trayecto. En una caminera donde no se veía a nadie, descansamos pegados a un galpón, donde Kim, amigo ciclo viajero Coreano-belga nos acompañaba. Adelantamos 78 km.

En la ciudad de Río Grande paramos en una hostería, ya que no encontramos lugar para la carpa  y toda la tarde recorrimos la ciudad con mucho frío y viento. Los carísimos vehículos nos mostraban otra cara de nuestro país que después sería recurrente: las ciudades petroleras y standar de vida.

Al día siguiente  aunque era temprano la ruta era un enjambre de autos a toda velocidad… era domingo. Muchos habían elegido el lago Fagnano y los ríos cercanos para descansar.Por lo que compartiríamos la ruta. En una interminable subida se nos rompió un descarrilador lo que nos llevó casi una hora solucionar. Llegados arriba nos detuvimos a almorzar y tomar unos mates. En todo el trayecto los guanacos atravesaban la ruta y los autos los esquivaban o no tanto. El valle es hermoso y los ríos mostraban el trabajo de los castores. Llegamos a Tolhuin después de descansar 10 km. Antes de llegar con la carpa en pleno bosque fueguino.  En total fueron 98 km.

En Tolhuin nos quedamos un día para darle respiro a nuestras piernas. Paramos en la llamada Casa de la Amistad de la Panadería la Unión. Un cuarto que está a disposición de los ciclo viajeros que visiten la ciudad. Toda ésta dedicada a la memoria de Favaloro.  La lluvia no paraba, el frío y el viento tampoco.

Nos quedaba el último tramo que sabíamos sería difícil si seguían las mismas condiciones. La intención era hacer el tramo en un día.

Pedaleamos hasta Lago Escondido, el viento y la interminable subida no nos dejó seguir. Hicimos sólo 50 km. Yo iba forzando una pierna y luego la otra, lo que me hacía doler las rodillas en forma alternada. Instalamos la carpa detrás de una casa abandonada que nos protegía del viento que en ese momento se hizo insoportable.El frío de la madrugada nos sacó temprano de las bolsas.

El último día lo tomamos con todo, nos dijeron que no había subidas… para vehículos… y que el viento estaría a favor… La primera pendiente de 7,5 km hasta Paso Garibaldi con el viento de lado y  de frente nos destruyó, como para empezar.( No obstante en las fotos aparecemos sonriendo).  Bajando el paso,  el viento también era de frente y nos frenaba hasta detenernos, a pesar de la larga bajada. En un momento paramos, nos tomamos unos mates,  y nos dimos aliento… Igor apareció nuevamente… sus zapatillas cubiertas por pantuflas para atenuar el frío y su destartalada bici eran el tema de conversación. Un abrazo nos prometió el reencuentro ya en Neuquén.

Pasamos Cerro Castor y el valle de los Huskies que nos dieron un respiro, pero faltaban dos largas subidas. Luego del segundo paramos casi una hora, retomamos aliento, seguimos… pero el viento nos sacaba de la ruta… ¡Faltan 14!  gritaba para mi mismo y para Pato… ¡dále un poco más, faltan 12!… 10… 7… hasta llegar totalmente destruidos, con las piernas temblando al Hostel Aoniken que cálidamente nos recibió en la ciudad más austral del mundo. Mi compu marcaba 604 km. Habíamos llegado. Ushuaia era la meta.

 

 

 

 

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