LA NAVE DE LOS LOCOS: un reencuentro con la historia de San Martín De Los Andes

Posted on 02/02/2013

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Por Marcelo Gobbo

El próximo lunes 4 de febrero, a las 22, como apertura de lo que será la Segunda Semana de Cine Aniversario, regresará a la pantalla local una película que conjuga sus méritos como film con su valor en la memoria de nuestra ciudad: La nave de los locos.

wullicher

Estrenada en abril de 1995, la película marcó la despedida de la dirección en largometraje, al menos hasta ahora, del realizador Ricardo Wullicher (que en 2010 volvió a la dirección con un cortometraje).

El realizador no era (ni es) un personaje menor en la historia del cine argentino. Recordemos que la opera prima de Wullicher, Quebracho, fue una de las piezas centrales de 1974, un año en el que se estrenaron muchas películas argentinas que sobresalieron por su interés en acercarle a aquello que llamamos el gran público problemáticas y denuncias sociales y políticas: La tregua, La Patagonia rebelde, La balada del regreso, Los golpes bajos, Una mujer, un pueblo, La civilización está haciendo masa y no deja oír o El camino hacia la muerte del viejo Reales (rodada en 1968) son otros de los títulos que ese año llegaron a los cines, y muchos de ellos, como Quebracho, fueron de exhibición prohibida durante la última dictadura.

Con La nave de los locos, Wullicher volvía a dirigir luego de casi una década sin hacerlo (su anterior trabajo, de 1983, había sido el documental Mercedes Sosa, como un pájaro libre) y, como lo había hecho con el Chaco y el norte santafesino en Quebracho, a bucear en los conflictos sociopolíticos nacionales en un lugar ajeno a la Capital Federal.

Pero lo curioso de La nave de los locos como película es que fue ideológicamente a la vanguardia en materia de pueblos originarios. Consideremos que el acercamiento a la problemática mapuce de Gerónima (Raúl Tosso, 1986) tenía más de mirada antropológica en clave dramática (suerte de intento de un neo-neorrealismo en clave rural) que de reformulación de la mirada en torno a esa problemática. La nave de los locos, en cambio, ponía de manifiesto el eje ancestral que era necesario desplazar para que pudiéramos ver el conflicto entre el mapuce y el huinca desde una nueva perspectiva: el etnocentrismo.*

Es cierto que no era la primera vez que esto sucedía en una película, y sin duda el título más cercano al film de Wullicher, tanto por elementos de la anécdota como por esta visualización de una plataforma legal, política y filosófica marcadamente etnocentrista, es La última ola, la obra maestra de Peter Weir estrenada en 1977. Pero la película del australiano se centra más en la iniciación individual (con mucho Mircea Eliade bien leído) que en el impacto colectivo, y de allí que ambos films difieran en puestas y estéticas.

Y es precisamente ese relato colectivo con el que la comunidad de San Martín de los Andes ha bordado una parte de su memoria. Porque no solo el paisaje local se cuela por los fotogramas: también sus habitantes, como bolos o extras, soltando alguna línea o simplemente prestando sus cuerpos y caras para poblar los encuadres. Y no pocos, sino muchos.

Así, entonces, fantasmas y recuerdos de aquellos y aquellas que han sido volverán a desfilar el próximo lunes en la pantalla del Centro Cultural Cotesma, durante gran parte de los 104 minutos de La nave de los locos. Y este es otro motivo para celebrar un aniversario: el reencuentro de un pueblo con una parte de su historia. Y no, precisamente, una parte menor.

Porque Ricardo Wullicher le refirió a Juan Pablo Rocca, de la Subsecretaría Municipal de Cultura, este dato que, de algún modo, nos involucra: en 1998, cuando se celebró en Bruselas el cincuentenario de la creación de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, las dos películas de nuestro continente que se eligieron para representarnos en esa celebración fueron la brasileña Estación Central y esta, nuestra La Nave de los Locos. De este modo, Wullicher fue nombrado Representante Permanente de Derechos Humanos para las Naciones Unidas.

No podemos cerrar estas líneas sin mencionar al elenco de la película: Miguel Ángel Solá, la querida China Zorrilla, Inés Estévez (que se llevó uno de los tres premios que cosechó el film) y la presencia española de la internacional pero ya entonces almodovariana Marisa Paredes y el recientemente fallecido (y también almodovariano) Fernando Guillén. Y, por supuesto, la gran y muy nuestra Luisa Calcumil.

Recordemos: la cita es este lunes 4 de febrero a las 22 en el Centro Cultural Cotesma. Ricardo Wullicher va a presentarla en persona y hablará con los espectadores después de la proyección. ¿Qué más se puede pedir?

 

*Un detalle: en ambas películas actúa Luisa Calcumil.

 

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