El abrazo. El Nano escucha poco, y qué…

Posted on 11/07/2012

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El Nano escucha poco, y qué. Si habla palabras de colores, si mira siempre hacia adelante, si camina todo el tiempo acompañado.

El Nano escucha a pilas, y que importa. Si Candelea a cualquier hora su hija como tres soles, como un abrazo con el mundo.

A veces me chicharrean las orejas a pila, me dijo; así como si hubieran tirado de punta un acordeón en la ollita de fritar las tortas fritas en Huncal, creo que me dijo.

Escucha medio para el culo, ya lo sabemos; pero cuando habla solamente sabe decir verdades. Le gusta por ejemplo usar la palabra “desfondado”. Es curioso. Esta palabra a tropezones soltada desde atrás de ese bigote esperanzado, siempre es buena. Porque indica en su misma condición tanto que hay algo roto como que hay algo que se puede reparar. Y como lo dice él, y como lo dice sonriendo, y como lo dice sordamente; uno escucha que dice también que él está listo para darle mano a la solución. Solución colectiva que si sale bien mejor y si no, se prueba otra, pero ese es otro tema. Que para ganar en todas ya está Mesi, y ni siquiera. Que para atravesar este tiempo con dignidad y belleza y alegría, los porrazos siempre tienen permiso.

Ahora que los jueces Coscia, Lozano y Krom leen el veredicto a los 21 acusados por delitos de lesa humanidad  en la última dictadura en Neuquén y Río Negro, Nano tampoco escucha. Pero que importa. Candela le deja palabras por el pecho a través de sus cachetes y le pega un abrazo que le dice además de toda cosa necesaria, que el día es hermoso y que por la piel del valle la primavera anda a los saltos. Y sin tomar dimensión de la serena claridad de su abrazo nos habla un poco a todos; compañeros, o indiferentes o culpables. Nadie queda a salvo de ese abrazo.

Dice la crónica que ninguno de los imputados estuvo presente durante la audiencia final. Sin embargo este  abrazo de Candela que te digo, los pone en evidencia en esa sala y en esta época en que andamos. Ahí los vemos a estos guglialminetis como a una zancadilla, un traspié, un golpe por la espalda, una cochinada de la historia.

Antes o después de que se lea la sentencia el Nano dice,“Los juicios sirven para que la sociedad sepa parte de la verdad, para que no exista el olvido… Ya están condenados”.

Y los jueces lo mismo leen el veredicto. Pero sabiendo que después de las palabras de Nano, cualquier cosa de todas las cosas de este mundo que pueda salir de sus bocas sonará cansada como una herramienta olvidada, sonará un rezongo, un pedido de condena que por el mismo precio será un pedido de disculpas.

La otra vuelta Nano me contaba cuando volvió del exilio, estampillado desde Roma a un galpón en Huncal. Me decía que pensó que sería una noche larga, que se le apretó el pecho, que preparó una cosa de comer, que prendió un farolito, que se armó una cama en unos fardos de pasto, que llegaron tres paisanos, que se apearon de los caballos, que golpearon las manos y preguntaron por el maestro. Que aquí estoy les dijo, y que hablaron montones de cosas hasta desenrollar la noche, que el farolito alumbraba como el culo así como fulero escuchaban sus oídos, pero que así y todo la charla fue de lo mejor. “Para hablar con ellos yo no necesitaba escuchar ni leer los labios”, creo me dijo, “un chisporroteo que salía de algún lado anunciaba todas las cosas”.

Rafa Urretabizkaya, 6 de noviembre de 2012

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