Ayelén Rivarola: “Los más humildes somos el hilo más fino de la sociedad, somos una familia trabajadora, pero para castigar siempre cortan por lo más débil”

Posted on 08/29/2012

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Sin duda la violencia ya no es un hecho aislados en San Martín de los Andes. Los casos se multiplican: peleas, droga, alcoholismo, etc. En los más jóvenes se pone el ojo y ser joven de un barrio humilde es una estigmatización dramática que la misma sociedad abona.

La cadena la conocemos todos, lazos sociales rotos, punterismo y clientelismo, educación apenas básica, salud raleada, falta de trabajo digno, todo eso sumado a una catarata de medidas represivas en vez de preventivas fueron un cóctel que a la larga detonó.

Uno se para frente a Ayelén y no es necesario que te explique que no es nada de lo que se intentó fabricar desde algunos comentarios en los medios o lo que dejó deslizar la policía. Ayelén es una madre como tantas, de familia de barrio, maestra. Sus hijos, pasada la adolescencia, cayeron en la trampa que produce la marginalidad de los sectores desplazados de una sociedad que sólo los castiga cuando se “mandan alguna”.

Ayelén dice: –si mi hijo hizo algo malo que pague por lo que hizo, yo intenté hacer de todo para sacarlo, desde el 2009 fui al fiscal a pedir ayuda para internarlo y nunca me ayudaron. Es mentira lo que dicen algunas personas que ni me conocen. Mi hijo se crió en una familia, fue al colegio, acá está el padre, los abuelos, la madre.

Ayelén llora cuando nombra a Martín y no es para menos: “vi cuando le pegaban en el piso de la comisaría, a mí me llevaron detenida cuando lo fui a buscar, me esposaron como a una delincuente, me tiraron en la camioneta, arrancaban y frenaban para que me golpeara. En la comisaría, (esto ya lo conté), me basurearon, me insultaron, no me dijeron por qué estaba detenida, me palparon, me sacaron las zapatillas y me metieron en un calabozo frío a pasar la noche con olor a pis, a sangre, yo misma le pedí un balde y un trapo para limpiar. Recién al otro día me soltaron.”.

Ayelén teme por su hijo, habla todos los días con él, dice que se está gastando todo su dinero y el de su familia en abogados, que le destrozaron el auto con el que fue a buscar a su hijo, que tiene miedo de salir a trabajar, que está con psicólogos.

Sin saberlo, hoy un joven de 18 años de un barrio de San Martín de los Andes, con todos sus problemas, su desgracia, sus errores, convoca a una sociedad que se ha dividido. Será éste un buen momento para empezar a repartir las cartas de nuevo. El camino es largo, es difícil, Ayelén está dispuesta, como toda madre, a ser parte de ese camino. Lo que la sociedad castiga es lo que la sociedad es.

Ayelén nos brindó esta nota pero su llanto pudo más, por eso creemos que, aún pensando en la gravedad de lo que sucedió aquella noche, no podemos permitirnos dar otro paso para atrás. La represión como el desentenderse traerá más violencia.

 

 

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