Víctor Hugo y Jorge Lanata La batalla por la credibilidad

Posted on 08/01/2012

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http://www.diarioregistrado.com/politica/63611-victor-hugo-y-lanata.html

 

La ostensible operación política orquestada por el Grupo Clarín,  editorial Perfil, el diario La Nación y unos periodistas uruguayos para  quitarle credibilidad a Víctor Hugo Morales tuvo ayer su apogeo en el  programa de Jorge Lanata cuando éste mostró un informe en el que,  aparentemente, había pruebas de una complicidad del periodista y relator de fútbol uruguayo con la dictadura de su país. Advertido de esta  operación, el propio Morales se anticipó y publicó hace algunas semanas  una pequeña revista/libro en la que muestra, entre otras cosas, los  expedientes de los servicios de inteligencia uruguayos donde queda en  evidencia que él estaba siendo observado por sus presuntas simpatías con los tupamaros.

 

Yo tengo posición tomada y la trayectoria de Víctor Hugo ayuda a  estar de su lado pues se podrá criticar alguna que otra actitud del periodista de Continental durante el conflicto con la 125 pero nadie en  su sano juicio podría dudar del compromiso de Víctor Hugo con la  democracia. Alguno dirá que el uruguayo está recibiendo algo de “su  propia medicina” si se interpretara por tal que éste es simpatizante del gobierno y que hay una estrategia política del oficialismo de salpicar  con la dictadura a todos los opositores actuales. Sin embargo, no creo  que tal estrategia exista y si hubiese sectores del kirchnerismo que abonasen esa idea se estarían equivocando pues es verdad que todos aquellos individuos con simpatía con la dictadura están en contra del  kirchnerismo pero eso no significa que todo opositor al gobierno sea pro dictadura.

Es más, el propio Jorge Lanata no es alguien al que se pueda vincular con la dictadura más allá de que su empleador actual esté acusado de complicidad civil y los intereses que ahora defiende desde su programa de radio y televisión sean coincidentes con los de Cecilia Pando.

 

Dicho esto, lo que está en juego es el hoy y el mañana: Lanata es la  carta a la que apostó el Grupo Clarín en su nueva estrategia de disputa  cultural contra el gobierno. Defendiendo la idea de periodismo  independiente, el grupo perdió y mostró que es tan militante como  cualquier otra visión del mundo. Ahora apunta a limar la credibilidad  del otro con cinismo y efectismo pero sin reivindicar para sí  superioridad. Por ello acude al ex director de Página 12, pues, sabiéndose mercenario, Lanata trata de mostrar que todos son de su condición. Con esta idea de fondo, había que poner en pantalla un programa político como nunca había sucedido desde que el canal se privatizó y había que rivalizar directamente con aquellos referentes que le ganaron la disputa comunicacional: la propia presidente, 678 y

Víctor Hugo Morales. Contra la primera, se utiliza el recurso harto trillado y ya muy bien trabajado por Marcelo Tinelli de la imitación caricaturesca y burlona, algo que en los últimos programas de Lanata prácticamente ocupa la mitad de la emisión. Contra 678, el ex columnista del fugaz y extinto sensacionalista Diario Libre se despachó insólitamente en decenas de reportajes para ganarse el lugar de principal cara visible contra la “gran usina de comunicación K”, bautizó a su programa con las siglas de la productora que creó el programa conducido por Luciano Galende y Carlos Barragán, y contrapone las fotos de televidentes haciendo “fuck you” a “El club de la buena onda” seisieteochesca. Pero hoy Víctor Hugo es una figura muy importante porque goza de gran credibilidad en la sociedad y desde una radio opositora llega a un público menos convencido que el habitué de la autoapodada “Tanqueta”. Contra Víctor Hugo, Lanata salió a competir en el horario del domingo a las 23hs y ahora agrega no sólo el informe  mencionado sino el haber escrito el prólogo para el libro de presunta  investigación que contendría las supuestas pruebas que vincularían a Víctor Hugo con la dictadura. En este contexto, es de esperar que sobrevengan nuevos embates en esta batalla simbólica por el sentido.

Frente a ella, como diría el filósofo Gilles Deleuze, “no hay lugar para el temor ni para la esperanza: sólo cabe buscar nuevas armas”.

 

Por Dante Palma

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